Por José Dionisio Solórzano Como dijo el poeta: «…𝘺 𝘴𝘦 𝘧𝘶𝘦 𝘥𝘦𝘵𝘳𝘢́𝘴 𝘥𝘦 𝘶𝘯 𝘩𝘰𝘮𝘣𝘳𝘦 𝘢 𝘤𝘢𝘣𝘢𝘭𝘭𝘰». Este es el mejor resumen de la relación histórica entre la sociedad venezolana y sus líderes. El ciudadano de este país siempre ha estado inclinado a apoyar al «𝗺𝗮𝗰𝗵𝗼 𝗱𝗲 𝗹𝗮 𝗽𝗮𝗿𝘁𝗶𝗱𝗮», es decir, al líder fuerte que se impone sobre los demás. Ya sea un general en medio de la Guerra de Independencia, ya sea otro general en el innumerable listado de revueltas, revoluciones y alzamientos que colmaron los días del siglo XIX o de los líderes, mitad militares y mitad civiles, del siglo XX, en cada ocasión el venezolano optó por el «𝗽𝗼𝗹𝗶𝘁𝗶𝗰𝗼 𝗮𝗹𝗳𝗮». Como sociedad preferimos que nos guíe el «𝗵𝗼𝗺𝗯𝗿𝗲 𝗳𝘂𝗲𝗿𝘁𝗲», antes que un intelectual o un gerente eficiente. En raras oportunidades ese «𝗵𝗼𝗺𝗯𝗿𝗲 𝗳𝘂𝗲𝗿𝘁𝗲» también es un líder capaz administrativa, técnica y socialmente, así ha ocurrido en varias oportunidades, sobre to...