Por José Dionisio Solórzano
Cónclave de Letras-. Insistentemente leo y escucho la voz de
decenas de «pensadores» de recámaras y «analistas» de centros comerciales
hablando sobre la polarización, de la necesidad de romper con esta realidad
política y social en muchos pueblo de América Latina.
Sin embargo, se olvidan que la
polarización tanto como el caudillismo, están en la génesis y en el ADN de
muchos de los pueblos hispanoamericanos.
Cuando se repudia la
polarización, se desconoce una realidad histórica y social de nuestras
naciones.
La polarización está en todas
partes y en todas las áreas de la vida común.
En otros tiempos en Venezuela, la
inmensa mayoría de la población se dividía entre magallaneros y caraquistas,
entre adecos y copeyanos.
La polarización, la urgencia
social de formar parte de un grupo, es un comportamiento natural del ser
humano; a tal punto que podemos hablar entre los que prefieren Pepsi o Coca
Cola; o entre los que le echan azúcar a las caraotas y quienes no lo hacen.
Así como en República Dominicana
se es de los Leones del Escogido o de los Tigres del Licey, así como en Puerto Rico se liga a los Indios
de Mayagüez o a los Criollos de Caguas; de la misma forma que los argentinos se
debaten entre Boca Juniors o el River Plate, así son nuestras sociedades.
La polarización entre admiradores
o afectos a Pinochet y los nostálgicos de Salvador Allende, es otra
demostración de la fractura social y emocional, en este caso en Chile.
Los Estados Unidos no se escapa
de esta caracterización de lo blanco y lo negro, de esta dicotomía eterna entre
el bien y el mal; allá en el norte se vota por Republicanos o Demócratas, no
hay tercera vía.
Incluso hoy en España, los
partidos más votados siguen siendo el Partido Socialista Obrero Español (Psoe)
y el Partido Popular (PP), o se es hincha del Real Madrid o del FC Barcelona.
O se admira a Messi o a Cristiano
Ronaldo, nunca a ambos al mismo tiempo.
Simplemente así somos. Cualquier
análisis político, social o comunicacional que ignore que somos sujetos
proclives a la polarización, al valor de la comunidad y a la tentación de la
rivalidad, está desenfocado y errado desde su origen.
Nos gusta polarizar y polemizar,
la sensación de formar parte de algo más grande que nosotros mismos.
¡Lee siempre, lee bien, lee con
amor, así la mente se alimenta y el alma se fortalece!
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